domingo, 26 de abril de 2015

GLORENZA Y SAINT MORITZ. (18 DE JUNIO DE 2014). VIAJE POR ITALIA. DE LA TOSCANA A LOS DOLOMITAS



GLORENZA Y SAINT MORITZ

18 DE JUNIO DE 2014




Viajar en autocaravana hace que te acuestes temprano y se aprovechen mas las horas de sol diurnas. Hoy, no era aún las siete y media de la mañana,  cuando el cantar de los pájaros, el murmullo del agua y la luz del sol, que se filtraba tras las cortinas, hizo que me despertara. Era demasiado temprano para ponernos en ruta por lo que priorice escribir en el blog durante media hora, para luego hacer un buen desayuno y los preparativos de continuar nuestro viaje. 

No queremos partir de Glorenza sin disfrutar el paseo, a la orilla del rio, hasta la plaza del pueblo. El cielo esta azul y el murmullo del agua nos acompaña. Intento hacer alguna fotografía, pero como la mayoría de las veces, cuando las miro no reflejan exactamente la magia del paisaje. Mis ojos saben captar mucho mejor esas imágenes, que lo hace mi cámara.
Me encanta la naturaleza, la brisa del aire fresco en el rostro, el ruido de los pájaros y el murmullo del agua; por eso camino en silencio y en solitario. Tino y yo nos distanciamos varios metros para disfrutar en solitario de la caminata, que es de vez en cuando interrumpida por las bicicletas. 

Varias personas han tenido la misma idea que nosotros; solo que ellas realizan el paseo sobre ruedas. Me lamento no controlar bien la bicicleta para hacer algo parecido, pero a cambio tengo mis piernas que también saben darme disfrute. Estamos llegando al pueblo, fortificado y con una gran muralla que lo rodea. Ha crecido y algunos edificios se levantan fuera de ésta,  como la iglesia que esta construida fuera del recinto medieval. 

Un gran nogal se encuentra a la entrada del recinto y desde allí puedo divisar el campanario. No me parece una iglesia muy antigua, no disponemos de mucho tiempo por lo que nos dirigimos a la plaza del pueblo, ya en el interior de la muralla.  Allí, en el medio hay un hotel,  cuya terraza esta en el lateral de la plaza. Existe wifi libre. Me conecto fácilmente mientras que Tino encuentra grandes dificultades para descargar sus correos. (Cuando viajo por el extranjero siempre voy con Movistar, no estoy muy de acuerdo con ellos y muchas veces son las que me cabreo, Tino ha utilizado varias compañías telefónicas y después de pasar por varias, llegué a la conclusión que, para viajar de España a el extranjero, la compañía que da mas garantías es Movistar, aunque no precisamente es la mas barata.). El hotel de este pueblo tiene externamente un aire rustico, pero cuando paso a los baños percibo que la modernidad ha llegado a una época medieval. Nada que envidiar de un hotel moderno de cualquier capital. 
Hacemos un recorrido por el pueblo,  Glorenza se sitúa a unos 907 metros sobre el nivel del mar. Sus murallas medievales se encuentran perfectamente conservadas . Es la ciudad mas pequeña del Tirol del Sur de ahí que los propios vecinos digan que habitan en un pueblo tan pequeño que para ir a la Iglesia deben de salir fuera J. Esta clasificado como uno de los pueblos mas bonitos de Italia. En la época romana fue una encrucijada importante sobre todo en la ruta comercial Suiza. La primera mención del pueblo data de 1163 aunque el nombre de Glorenza aparece en 1304,  y en 1332 su poder comercial es tan elevado que, en todo el valle, aparece una medida en el pesaje llamada medida de Glorenza. En esa época tiene todo el monopolio del comercio de la sal.  El 22 de mayo de 1499 es destruida por las tropas suizas pero posteriormente es reconstruida en base a un proyecto de un arquitecto militar, Jörg Kölderer, que realiza la muralla con 350 troneras, siete torres con chapiteles y tres puertas. Se completa su construcción en 1580. Su decadencia comienza a finales del siglo XIX, en la actualidad la ciudad sobrevive gracias al turismo.
Los lugares a visitar son: la Torre Flurin donde se asentó el tribunal y posteriormente albergó la cárcel. La Puerta de Tubre que en principio fue una vivienda, posteriormente se utilizo como puerta de entrada a la ciudad. La Torre Kolben pertenecía a familias nobles hasta que paso a ser propiedad del molinero de la ciudad. La Iglesia Parroquial de San Pancrazio fuera de las murallas de la ciudad que se remonta a la época románica y  la Iglesia de San Giacomo al Maso Söles edificio de finales del gótico, construida entre 1570 y 1580 y que se encuentra fuera de las murallas, entre los campos de cultivo y yo divisaba al acercarme en mi paseo J.

Rodeando por el interior toda muralla, la cual tiene acceso a su cima por viejas escaleras de madera, en lo alto podemos divisar el paisaje a lo lejos.

Descendemos para dar el ultimo recorrido al pueblo y caigo en la tentación de comprar un “souvenir.”; una preciosa manta de búhos, que regalaré.
De retirada al camping el perro ,del vecino por una noche, sale a saludarnos como si fuéramos viejos amigos. Me fijo en que su tienda de campaña es enorme; ellos aún se están instalando cuando nosotros concluimos la estancia. Solo nos queda el cambio de aguas y estamos listos para continuar viaje.



 En dirección a Saint Moritz  vemos el bonito paisaje de campos y montañas,  paramos en un puerto a comer las bolas de harina con queso y mantequilla que hemos comprado en Merano. 

Yo diría que son unas quenelles redondas, desde luego si que son contundentes. Tomamos el café mirando las montañas con nieve en las cumbres y las laderas en vertical llenas de pinos. Me fascina este paisaje.
Cuando llegamos a Saint Moritz  descubro que nunca me había parado a pensar como seria exactamente, pero la imagen que veo choca con todo lo que en mi inconsciente existía. ¡No se!, yo creía que Saint Moritz era una ciudad llena de edificios con luces de neón y adoquines por doquier, al borde de un lago. 

Lo primero que encontré fue unas vacas, como las de mi pueblo de toda la vida, pastando en la pradera y un rio, al que bajaban a beber. No daba crédito de que las vacas se encontraran libremente y de repente me baje de mi nube y fui consciente que nada sabia de Saint Moritz, excepto que era un lugar de descanso donde la gente iba a hacer deporte.  Ya la imagen de las vacas me fascino, como si yo no estuviera acostumbrada a verlas, ¡les hice fotografías tal si se trataran de tops models!. La parte mejor aun estaba por llegar cuando descubrí el lago y su paseo. Ahí quede embrujada, ninguna imagen con mi cámara reflejaba lo que mis ojos miraban. 

Las aguas tranquilas surcadas por algún ánade y sus crías y, al fondo las montañas con nieve y los bosques de pinos, era exactamente las fotografías que tantas veces había visto de niña en los calendarios y postales. ¡Así que era Saint Moritz lo que me hacia soñar de niña!. 

Unos caballos dirigidos por una muchacha paseaban tranquilamente, era el encanto del pueblo inmerso en la ciudad. Quedé maravillada y además, sin agobios, sin estruendos, los chicos saliendo de clase con sus patines y sus mochilas.



Saint Moritz esta situado en la cara sur de los Alpes Suizos a unos 1.800 metros de altitud, es conocida como “El salón de fiestas de los Alpes”. Rodeado de montañas y regiones de esquí conocidas. En el valle existe una extensa red de senderismo y recorridos de fondo, y se pueden practicar multitud de deportes. Carreras de caballos, torneos de Polo sobre el lago helado etc. No podemos olvidar los centros termales de la ciudad y sus alrededores con sus aguas ferruginosas.
   


Hay un largo paseo de 55 minutos para subir a Saint Moritz alto. Por unos instantes dudamos de tomar un autobús, pero estaba tan agradable que me sentía con fuerza de hacer la caminata, hecho que agradecimos, pues luego fuimos conscientes de que no llevábamos ni un solo franco suizo con que pagar el autobús si lo hubiéramos tomado.


Subimos, parando a cada momento a realizar fotografías; una caminata que aconsejo hacer a todo aquel que se acerque a visitar el paraje. Yo sentía que el día tenía algo mágico y así fue. ¡Termine encontrando dos tréboles de cuatro hojas!. Mi historia con los tréboles tiene su gracia; cuando era niña, una tía de mi madre me decía siempre que buscara tréboles de cuatro hojas para la suerte, y me afanaba en hacerlo y así como fue que aprendí a encontrarlos. No se muy bien porque, pero siempre encuentro tréboles de cuatro, cinco, y hasta seis y siete hojas. Tengo un don especial para detectarlos; camino y, de repente, siento el impulso de buscarlos  y termino encontrando alguno. Así fue como en el paseo que bordeaba el lago, sentí el impulso de buscar un trébol, y no apareció uno, sino dos. En algún sitio leí que para que traigan suerte, cuando encuentras uno de cuatro hojas, tienes que regalarlo, así traerá suerte a ambos, al que lo recibe y al que lo da;  los de cinco hojas has de quedarte con ellos;  los de mas hojas, creo que nadie ha escrito como traen mas suerte, porque supongo que no es muy fácil encontrarlos y ya es una suerte en si misma topar con alguno. Pues bien, termine regalando uno a Tino y el otro lo guarde para mi, ya tenia la certeza de que el resto del viaje iba a ser estupendo después del hallazgo del trébol, no podía ser menos.


Continuamos hasta el centro del pueblo alto, justo a la oficina de turismo, porque es donde hay conexiones de internet libre. 

La parte alta de Saint Moritz es una ciudad quizás un poco en pendiente, dimos un pequeño paseo y pronto descendimos ya que parecía que iba a llover, como así sucedió, pero antes de regresar compre carne y un hermoso melón. Nos fue fácil pues hablan francés e italiano sin problema, de todas formas con la tarjeta de crédito siempre se resuelven las barreras del idioma.

Llegamos a la autocaravana con la lluvia acompañándonos, necesitábamos buscar el próximo lugar para pernoctar y nos dirigimos al camping de Silvaplana, llegamos un poco tarde, ya había cerrado pero el camping es precioso, con unas vistas magnificas. La barrera eléctrica nos impidió pasar y no nos quedo mas remedio que continuar nuestro camino en dirección a una área próxima, me fijo que venden leche a granel Bío, es la primera vez que veo leche Bío de venta a granel en una maquina. Nuestra conexión de luz no sirve, y ya amenaza con caer la noche, rápidamente decidimos o quedarnos sin electricidad o caminar mas adelante, optamos por continuar aunque sea de noche, con gran pena ya que este área no es bonita, la pena la sentimos por el camping de Silvaplana que si es precioso. Nuestro punto final será el Lago Como.
Son las 21:30 horas cuando llegamos y el área cerca de un restaurante, esta cerrada, pero a pesar de eso gentilmente nos abren y nos dejan pasar. Estamos cansados, sin ganas de cenar en la autocaravana, así que decidimos cenar en el restaurante que tan gentilmente nos han abierto a pesar de las horas. La “roja” juega contra Francia y aunque no soy muy forofa del futbol si me gustan los partidos de la Selección Española. Que mejor que ver como se desarrolla el partido  al tiempo de una buena cena.

Pedimos una parrillada de pescado y Tino unas chuletas de cordero con costra de pistachos, como siempre, me pica la curiosidad de cómo será ese plato, y ¡como no! Probamos un buen vino chianti. Recuerdo que tenemos un nuevo rey, Felipe VI y Letizia han subido al trono y yo no he visto ni una sola imagen J.
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