domingo, 15 de junio de 2014

SIENA; PIENZA; FLORENCIA Y SIRMIONE. VIAJE DE LA TOSCANA A LOS DOLOMITAS.

11 y 12 de junio de 2014

 
Cada día que pasa se suma un día en el calendario y dos grados de temperatura en la Toscana. Yo me maravillo cuando veo las carreteras anunciando peligro por la nieve y heladas, y pienso: - ¿Alguna vez helara aquí de verdad? . Llegamos a Siena con mas de 32 grados, pero el planing del viaje es el planing y, al menos, hay que intentar cumplirlo. Conseguimos aparcar la autocaravana en las afueras de Siena, justo al lado de una línea de autobús que te lleva a una de las puertas de la entrada a la ciudad. Caminar por las callejuelas llenas de sombra es agradable y, dadas las temperaturas, no pude evitar el comprar una camiseta, talla XXXL, a ver si así sudo menos al evitar que la ropa entre en contacto ajustado con mi piel. 

En diez minutos de agradable paseo, llegamos a la  Plaza del Campo, una de las mas grandes plazas  de la Edad Media; donde, actualmente, hacen todos los años una carrera de caballos; espectáculo muy famoso que no coincidió con nuestra visita.  

En la plaza se encuentra una reproducción de  la Fuente Gaia, cuyo original esta en el museo de Santa María de la Escala. Las palomas calmaban su sed en el chorro de agua que surge de una de las estatuas. 


Proseguimos bajo los rayos del sol hasta conseguir llegar al Duomo (siglo XII a XIV) del arte románico-gótico y, finalizamos, con la Fortaleza de los Médici. Habíamos calculado estar dos horas en Siena, pero se alargo a cuatro. 

Desde allí pusimos rumbo a Pienza,  una ciudad capricho del Papa Piccolomini, que encargó hacer la ciudad y luego se escandalizo de su precio, hasta que la vio y considero bien empleado el dinero. El pasear por sus calles te recuerda constantemente que el famoso queso pecorino se produce allí y no quisimos marchar sin comprar un trozo que degustaremos con la familia. Como habíamos comprado condimento para espaguetis, también hicimos acopio de la pasta superlarga. 

Pudimos deleitarnos con los paisajes de la Toscana desde los miradores del pueblo y, finalmente, con un buen café sentados en una terraza a la sombra. 

De Pienza nos dirigimos a Florencia con intención de acampar en el camping de Michelangelo, del que teníamos una buena información, pero al llegar nos derivaron al área de caravanas. Desde hace muy poco han dejado de aceptar las camping-car en el camping. El área de caravanas quedaba un poco alejada de la ciudad y puede que en un futuro sea un sitio agradable, pero dado que sufríamos temperaturas de mas de 40 grados, y los arboles están en la primera fase de desarrollo, el calor que se acumula podéis imaginaros que hace muy difícil quedar durante mucho tiempo allí. Madrugamos y tomamos un autobús que, por cierto, quedaba un poco alejado del área de estacionamiento, y pudimos llegar al centro de Florencia a las nueve de la mañana. Cuando me apee del autobús, mi primera impresión fue pensar que Florencia no era como me decían la mayoría, que están encantados con la ciudad. Incluso llegué a pensar que yo no tuviera sensibilidad para apreciar el arte, pero a medida que los minutos pasaban, Florencia me iba atrapando con sus encantos. 

Las calles con sus edificios cargados de historia, la claridad y, ya cuando llegué al Ponte  Vechio, Florencia me había seducido absolutamente. 
En la Toscana se respira el aroma de tilos; pero en Florencia , mirando el puente, se respira el romanticismo. Puede que haya sido la hora y la luz del día, pero no era capaz de apartarme del Puente; sencillo pero mágico. Le saque fotografías desde todos los ángulos y, a partir de ahí, todo me parecía maravilloso. 

De pronto me sumergí de lleno en la época renacentista ; comencé a imaginar las gentes, pasando por sus calles ataviados con los ropajes típicos. También me dio tiempo a pensar como las damas sufrirían con sus vestidos y las altas temperaturas. 

Son tantas las cosas que hay que admirar en Florencia que no puedo describirlas aquí, cierro los ojos y me vienen flashes de las esculturas y edificios.

 Los mármoles cubriendo las paredes de la Catedral y su Campanario.

 Creo que algún día subiré alguna entrada al blog, de Florencia, como un monográfico; pues me encantó. 

No teníamos planeado repetir noche en el área de autocaravanas, así que optamos por no entrar a los museos, debido a las largas colas que se veían. Lo bueno que hicimos fue madrugar y ver una Florencia sin agobios de turistas japoneses, que tres horas mas tarde inundaban todas las plazas y calles; con sus manos cubiertas por guantes, sus gorritos y en fila. Aguantando estoicamente el calor, protegiéndose del sol hasta con pañuelos rodeando el cuello; supongo yo que para no quemarse y no porque tuvieran frio, en un día como hoy que pasamos de los 45 grados al sol.

Ya no parecíamos españoles, pues madrugar es lo que trae; que adelantas todo, incluso comer. Tanto fue así, que a las doce en punto, el restaurante que habíamos elegido aun no estaba abierto. Para hacer tiempo pasamos a la Florencia de cada día, y paseamos el mercado de S. Ambrogio , situado justo enfrente de la pizzería elegida. 

Terminamos comprando unos boletus para la cena.  
Al fin pudimos entrar en la pizzería que me había recomendado, y muy acertadamente, mi compañera de trabajo. Una pequeña pizzería con aire acondicionado y unas pizzas estupendas. 

Escogimos y recomendamos probar la “Pizza blanca con burrata” ,  una pizza difícil de degustar en lugares que no sea fácil obtener el queso burrata; era sencilla: pasta,  tomate y, luego de cocido, el queso por encima; pero sin meterlo al horno, sino que con el propio calor de la pizza se calienta la burrata. Es cremosa y deliciosa, ¡ah! y que no se olvide la albahaca, que le da un toque especial. 
La pizzería queda en la calle Vía Mazzi número 113, y se llama “Il Pizzaiuolo”.Esto es un recomendar de boca a boca, a mi me lo dijo mi compañera Lorena, y yo os lo digo a vosotros.

Para regresar al Área fue mas fácil; enseguida conseguimos autobús, por cierto es el numero 14 y te deja a unos 750 metros del área, que no es mucha distancia pero a 45 grados suplen como si fueran 5 kilómetros; con deciros que llegue a la caravana y directa a la ducha antes de irnos. Llegamos a la conclusión que Florencia es maravillosa para un viaje de tres días, incluso dada la cantidad de museos y obras que existen puede prolongarse a cinco, pero por supuesto no después del mes de abril, sino en la época que se asegura una temperatura mas baja. Aunque confieso que vi expuesta una fotografía de Florencia con nieve, que creo que no era falsa, sino autentica. También otra cosa que me llamo la atención fue ver ya la moda del próximo invierno expuesta en los escaparates de Max-Mara, como información se llevaran los abrigos color avellana claro. Tono camel. J.

A las tres de la tarde pusimos ruta a Sirmione y dábamos por concluida la Toscana, no porque no quisiéramos mas; sino porque dadas las temperaturas pensábamos que al igual que nuestros inspiradores del viaje, lo mejor era dejar la Toscana para una fecha menos calurosa y deleitarnos con las montañas del norte de Italia.

Salimos huyendo del calor de la Toscana pero con la idea de regresar algún día y completar nuestra visita. Hay tantas cosas que ver y admirar que podríamos programar multitud de viajes. Ya comentamos entre nosotros, que éste es el primero, como toma de contacto. Así hicimos con Francia la primera vez y ya he olvidado el numero de veces que la he visitado. Me gustaría algún día poder escribir los mismo de la Toscana e Italia.

A las cuatro de la tarde, abrir las ventanillas de la autocaravana me recordaba a abrir la puerta de un horno.  Quería hacerlo para tomar alguna fotografía durante el camino; finalmente desistí de las fotografías y me dedique a beber agua hasta llegar a Sirmione.

 Habíamos dejado la Toscana y lo cierto es que se notó. La entrada en la zona del Lago di Garda, ya me auguró un cambio en la climatología para el resto de los días del viaje. Aún hacia calor, pero mas soportable. Sirmione es un pueblo lleno de flores y adelfas convertidas en arboles. En Italia supongo que se da con facilidad el laurel. Cuando llegamos a Sirmione un olor a un producto, que de niña yo recordaba que se llamaba “zotal”, inundaba todo el ambiente. Desde luego el olor a Toscana, con aquel aroma de flor de tilo, había desparecido y cambiado por olor a polvos matarratas, que decía Tino. Mas tarde llegamos a la conclusión que podía deberse a la fumigación para evitar los mosquitos, pues a pesar de estar a las orillas del lago, nos dejan relativamente en paz después de una mini sesión de picotazos.

El área de parking para autocaravanas es un sitio privilegiado, justo a dos metros de la orilla del lago. Una maravilla disfrutar esta imagen y sentirte en tu casa. Con arboles cuya sombra hace el calor soportable. 
A la izquierda vemos el castillo, encumbrado en una roca, construido para defensa de la ciudad y atraque de los barcos; porque en este lago que llega a una profundidad de 365 metros y una anchura de 17 kilómetros, con una longitud de 165  kilómetros; se desarrollo una guerra en que Venecia arrebato, en 1405, la fortaleza medieval formada aquí, al que era el dueño, Señores de Scaligeri de Verona.

Después de refrescarnos, fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Absolutamente turístico y donde dejas de oír hablar italiano para pasar a escuchar alemán a pesar de estar en territorio italiano. Luego nos enteramos que son las vacaciones de Pentecostés, los alemanes tienen dos semanas de descanso y aprovechan estos días para disfrutar. El pueblo esta lleno de pizzerías y ¡como no!, de gelaterias que anuncian sus helados artesanales. Tino y yo no comemos muchos helados. Yo, sobretodo porque me dan sed y dadas las circunstancias no estoy para aumentarla. No obstante vimos una en la que de reclamo ponían wifi abierta, y allí nos tomamos una copa de helado, aprovechando para leer el correo y enterarnos un poco de cómo va el mundo, aunque parece que sigue su línea. El atardecer fue estupendo. 

Al refrescar la temperatura pudimos dar un paseo a lo largo del lago. De vuelta nos apeteció sentarnos al borde del agua, Tino saco las sillas al lado de la autocaravana, y yo me puse a escribir un poco del blog, pero comenzó a levantarse una brisa que se torno en una verdadera ventolera. El lago calmado comenzó a levantar olas, no como las del Cantábrico este invierno pasado, pero si que algunas saltaban el borde de piedras que circunda el lago. Nos obligo a recoger y, nada mas entrar en la autacaravana, al fin llovió.

NOTA: Información para autocaravanistas

Siena:
Se puede dejar la autocaravana en un parking gratuito que justo delante esta la parada del autobús número 10 que te lleva a una de las puertas de entrada al casco histórico.
GPS:
Longitud (Norte): 43.3423º  o  43º 20’ 32’’
Latitud (Este): 11.305055º  o  11º 18’ 18’’

Pienza:
Hay un parking para autocaravanas a unos 200 metros del pueblo.
GPS:
Norte: 43º 04.811’
Este: 11º 40.396’

Florencia:
El área de autocaravanas esta en las afueras de la ciudad y a unos 750 metros de distancia se encuentra la parada del autobús número 14 que te lleva al centro. Tiene Wifi (aunque tenia averia). Precio es de 26 euros .
Area di Sosta di Firenze:
Norte: 43º 45’ 56’’
Este: 11º 18’ 55’’

Sirmione:
Parking al lado del Lago donde se puede pernoctar y el precio es de 21 euros / 24 horas. Se recoge el ticket en la entrada con barrera y se abona en unos cajeros junto a la zona de carga/descarga de aguas antes de salir.
GPS:
Norte: 45º 29’ 13’’

Este: 10º 36’ 34’’
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