RETOMANDO EL REGRESO
Hola de nuevo, puedo decir que lo prometido es deuda, a much@s prometí que volvería, pero hasta yo misma me asusté cuando vi todo el tiempo que ha pasado sin que os escribiera. Los años pasan volando y cuanto más mayor se hace uno, la sensación de que pasan más rápido, se incrementa.
Durante todo este tiempo he realizado varias cosas, una de ellas y la más importante, es que ya puedo disponer del tiempo de forma libre. Yo decido mis intereses, mis ritmos. He continuado preparando platos de cocina; como siempre, los que me apetecía probar y poca cocina de obligación. Me refiero a la cocina de todos los días para la familia. He viajado todo lo que he podido, que siempre me parece que es poco. Y alguna vez he extrañado los momentos de recogerme en este blog. Algunas veces, me encontrabais en la calle y surgía el tema. Preguntabais porque no continuaba con el blog. Siempre os contesté que mi idea era retomarlo, cuando dejara mi trabajo, que ocupaba prácticamente todo mi tiempo.
Este año he decidido que lo retomaré. Posiblemente le de un cambio, tengo ideas en la cabeza que me gustaría compartir. Por supuesto continuaré con recetas de cocina, las que mi madre me transmite, porque afortunadamente a sus 92 años aún cocina y lo hace muchísimo mejor que yo. Ella me enseña ese modo de cocinar que se hacía tradicionalmente. Yo crecí entre libros de cocina, recetas anotadas en papeles sueltos y libretas con caligrafía de antaño. Mi abuela, fue la primera que despertó el amor por la cocina en esta rama familiar. A veces la recuerdo y pienso en su fortaleza, cuando en el siglo pasado, en los años 1950 era cocinera y trabajaba. Se desplazaba por los pueblos cercanos, en Asturias, para cocinar en las bodas. Eran costumbre que durase más de un día. Se reunían las familias y, no era solo una comida, lo habitual era dos o tres días todos reunidos comiendo. Mi abuela, se desplazaba la semana anterior al día de la boda, para ir preparando el festín. Recuerdo que contaba que un dia llego a una casa para realizar el evento. Se encontró sola, sin ayuda de ningún tipo, con una ternera en una pieza, colgada, para que con ella preparara la comida. Me imagino cuánto debió de trabajar; no solo ese día, sino cada día que realizaba bodas.
Luego, fue mi madre la que continuó con la cocina. Mi madre, además de ser profesora de cocina, fue pionera en el catering a domicilio. Yo crecí entre los olores de galletas, bizcochos, empanadas y demás aromas de la cocina. Nunca recibí clases de como cocinar, pero observaba a mi abuela y a mi madre entre las ollas y con las manos llenas de harina y el sonido de batir huevos. Recuerdo que de pequeña, en el pueblo, cuando mi abuela me dejaba sola en casa, mientras ella iba a la huerta, yo aprovechaba el momento para poner una olla con agua para hervir, a la que añadía sal y aceite. Cortaba el pan y hacía sopa. Finalmente se la daba de comer al perro. Se puede decir que comencé en la cocina cocinando para mi perro. Después recogía todo, limpiaba y cuando mi abuela volvía, la cocina estaba impecable. Era mi secreto, porque andar con el fuego y los cuchillos no era de agrado de mis abuelos, pero yo lo hacía de igual manera.
Pasaron los años y, algunas veces, cocinaba algunas recetas fáciles: magdalenas, bizcochos, sopas de ajo, "patatas a la importancia"... tenía un recetario reducido; porque estudiaba y mi madre era la que siempre hacía la comida. Pero mi interés por la cocina siempre existió. Compraba revistas y dedicaba horas a leer y mirar los libros de cocina que había en casa. Cuando fui a vivir sola, me enfrente a la cocina, y tuve la consciencia de que prácticamente no sabía hacer gran cosa, pero mi interés creció. Lo tenía, y siempre lo tuve, como un hobby. Me relaja, me concentro y mientras cocino no sabría decir en que pienso. Creo que en: cómo va a quedar el plato presentado, como será su sabor, que le puedo mezclar, cómo cambiará si le añado éste o aquel ingrediente. Me lo paso muy bien en ese mundo. Yo elijo con que ingredientes quiero jugar, de cuánto tiempo dispongo y como esta mi ánimo para realizar un plato.
Profesionalmente no me dedique jamás a cocinar, admiro a todos l@s que lo hacen, considero que es un trabajo que exige mucho esfuerzo, dedicación y da mucho cansancio. Sí que tengo que decir, que cuando lo haces porque te gusta, el gran pago al esfuerzo es ver a la gente comer ese plato que has hecho. Yo, por el rabillo del ojo, les miro las reacciones y me quedo con sus expresiones, no con las palabras que dicen; porque en las palabras puede existir la prudencia y la delicadeza de no querer ofenderte, y las palabras se escogen para halagar. Pero las expresiones corporales del que prueba un plato y le gusta, eso es más difícil de fingir; por eso me gusta mirar por el rabillo del ojo, y ver su cara y sus ojos; como mastican, si están relajados sus gestos les delatan y ahí es cuando tomo nota si el plato que realicé puede mejorarse un poco, o si lo tengo que descartar absolutamente. Quizás la más exigente con mis recetas sea yo misma, más que mis propios amigos y familia.
Os cuento todo esto para explicar, de manera que se comprenda, que no he abandonado mi blog. Porque es una parte de mi esencia. La parte técnica, de realización del mismo, es un mundo que no conozco mucho y que voy adentrándome poco a poco. He pensado cambiar el diseño, pero una cosa es mi cabeza, que va rápido y otra es plasmar mis ideas, para las que necesito apoyarme en técnicas que no controlo. Ahora creo que voy a disponer de un poco más de tiempo y veremos hasta donde llego. De momento, mi objetivo es no abandonar por tanto tiempo mi presencia en este blog.
Así que, para quien me preguntó que cuando volvía... ¡este es mi intento!.
























